Hiedra en mis brazos.

Soy de cantares,
seguro que no dejo de cantar bajo tu ventana
a plena madrugada.
En la mañana soleada sedienta de esperanzas,
a la tarde quemada por el sol,
a la espera de un cielo nocturno plagado de estrellas.
(A) la noche acurrucadita a la vera de un tronco…
arropada por sus hojas…
para a la mañana siguiente seguir cantando,
brincando
y jugando con balones imaginarios.

Vieja Loba de Aquelarre.

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